Cocina marinera, nombre marinero

Imagen de una antigua 'nansa'.

Imagen de una antigua ‘nansa’.

Como desde el principio tuvimos claro que nuestra gran baza iba a ser la cocina ibicenca de mar, bautizamos nuestro restaurante con el nombre de un arte de pesca: la nansa (nasa, en castellano). Un homenaje a este aparejo de pesca artesanal utilizado para la captura de la langosta y otras especies marinas, tales como la sepia, el pulpo o el congrio. Se trata de una sencilla e ingeniosa cesta troncocónica, una especie de trampa enrejada con boca de entrada en forma de embudo y en cuyo interior quedan atrapadas las presas gracias a unos bastones de madera que impiden su salida. Las nansas se calan encima o delante de las rocas, de forma individual o ligadas a una cuerda horizontal a intervalos regulares de unos diez o quince metros. Por la noche se coloca el cebo, consistente en peces de roca de buena calidad, y al amanecer se arrían las nasas para retirar las capturas obtenidas. Sardinas, caballas y arenques son algunas de las especies usadas habitualmente como carnada, pero vale casi cualquier tipo de peces. Los mejillones también pueden ser un excelente cebo. Las dimensiones máximas de este aparejo tradicional son de 90 centímetros de longitud y 60 de diámetro, y pueden estar construídos con malla plástica rígida, junco o caña. Con un nombre así, es obligado tener entre nuestras especialidades varios platos de langosta ibicenca, como la suculenta caldereta. También la servimos a la plancha, hervida fría o al ajo con patata y huevos fritos en su aceite.

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